LORENZO AYUSO's profileEL RINCÓN DEL CINÉFILOPhotosBlogLists Tools Help

EL RINCÓN DEL CINÉFILO

May 24

¡Corten!

Saludos a todos aquellos lectores ocasionales y habituales de este humilde blog sobre cine. A todos aquellos que encontraron algún que otro momento para pasearse por los artículos que regularmente se iban añadiendo al archivo, y con los que se intentaba contagiar la pasión por el cine que el que escribe profesaba. Esta entrada, sin embargo, no versa sobre cine.
 
Tras 2 años y medio de actividad, ha llegado el momento de fundir a negro y dejar paso a los créditos finales para este blog. Este espacio, al que he dedicado mucas horas a lo largo de todo este tiempo, se despide. La falta de tiempo para seguir escribiendo, alimentada también por la falta de visitas y comentarios han ido apagando este blog. A esto se han añadido problemas con el nombre de mi espacio (prefiero hacer una elipsis sobre este aspecto), que como veréis ha tenido que ser modificado por el más sencillo y modesto "el rincón del cinéfilo". Así es como ha acabado este blog, como un pequeño reducto para seguir cuando menos dando a conocer las películas que me hacen amar el cine.
 
Así se cierra un ciclo, que me ha traido muchas alegrías, cerca de 200 comentarios, más de 11.000 visitas,... Gracias a todos aquellos fijos que siempre dejaron su huella en las entradas, tratando de opinar y de dar pie a interesantes temas de debate. A todos aquellos que en algún momento encontraron esta web y dejaron un comentario. Y a aquellos que, aunque no hicieron acto de presencia, dieron una vuelta por los contenidos expuestos y encontraron algo interesante. Por respeto a todos ellos, este blog no desaparecerá, al menos de momento.
 
Quién sabe lo que puede pasar de aquí en adelante. Tal vez algún día este blog vuelva, tal vez no. Pero lo importante es que al menos hayáis disfrutado del cine, haber contagiado algo de la pasión que intentaba poner a mis textos.
 
Parafraseando a Antonio Múñoz de Mesa, presentador de Magacine en Canal Plus, sólo me queda decir:"¡Nos vemos en el cine!"
 
Saludos y gracias
 
Lorenzo Ayuso
March 07

Black Santa’s Revenge, navidades macarras en corto

“Black Santa’s Revenge”, navidades macarras en corto

 

 

Una banda de sádicos criminales ha robado todos los juguetes destinados a alegrar las navidades de los niños y niñas de un centro comunitario. Ante la despreocupación de las autoridades, sólo un hombre, Black Santa (Ken Foree) parece capaz de arreglar el entuerto e impedir que las promesas de Papá Noel a todos los críos queden sin cumplir. La venganza del Santa Negro caerá contra todos aquellos que han sido malos...

 

Black Santa’s Revenge” es un cortometraje nacido de una historieta de seis páginas publicada en el fanzine BadAzz MoFo y salido de la mente de David F. Walker (a la postre creador de dicha revista). Un proyecto modesto, pero con resultados encomiables y con un genuino regusto setentero.

 

 

Ya la premisa inicial nos remite a los elementos clásicos de los subgéneros más en boga durante los setenta: una historia de venganza, que emplea los elementos propios del exploitation: violencia gráfica, desnudos y lenguaje malsonante a raudales se dan cita en unos escasos 20 minutos de metraje, y un personaje protagonista que toma las riendas de la justicia frente a la inoperancia del poder. Todos esos aspectos propios del subgénero -que en la actualidad vuelven a estar de moda gracias a Tarantino y Rodríguez- se mezclan con un cuento navideño, protagonizado por un Santa Claus negro que quiere devolver la sonrisa a la Comunidad en la que vive. El resultado de “Black Santa’s Revenge” es un auténtico film enmarcado dentro del blaxploitation (género nacido en los setenta, hecho por y para afromericanos en Estados Unidos). No es una simple revisitación de sus tópicos, como “Shaft” (“Shaft”, John Singleton, 2000), ni una parodia, sino una propuesta nacida al calor de títulos de culto como “Superfly” (“Superfly”, 1972), “El padrino de Harlem” (“Black Caesar”, 1975) o “Trouble Man” (“Trouble Man”, Ivan DIxon, 1973). Aunque también se deja notar la influencia de John Carpenter, especialmente asumida en la banda sonora.

 

 

Lo que hace especial a este cortometraje es que, consciente de sus limitaciones técnicas y presupuestarias, abraza su jugoso material, y se emplea a fondo por transmitir el amor por el género que su principal instigador, David Walker, profesa. “Black Santa’s Revenge” goza de un encanto especial, el de un trabajo hecho con esfuerzo y dedicación, y lo hace funcionar con dinamismo. Si además, incluimos el enorme carisma de Ken Foree, el héroe de “Zombi” (“George A. Romero’s Dawn of the Dead”, George A. Romero, 1978), y habitual en las producciones de Rob Zombie, tenemos garantizado unos resultados más que recomendables.

 

Macarra y cool, “Black Santa’s Revenge” es un entretenidísimo cortometraje que hará las delicias de los fanáticos del género, y que acabará por convertirse en un clásico de culto. Además, su director merece el reconocimiento por haber sacado adelante un proyecto pequeño (Myspace mediante), haciendo partícipes a los propios espectadores de su carrera comercial: la financiación de la película ha sido sufragada con las ventas en DVD del cortometraje; y, por otro lado, el éxito que está obteniendo el proyecto ayudará a financiar la anunciada versión para largometraje de las desventuras de Black Santa.

 

 

Black Santa's Revenge
     
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En resumidas cuentas, un proyecto pequeño, divertido y curioso; un comic visual que merece la pena visitar: garantiza 20 minutos de entretenimiento sin complejos, hecho por un fan del género y para admiradores de una corriente de la que son deudores muchos grandes cineastas. Y el regalo perfecto para disfrutar de unas genuinas Navidades funkies, como acompañamiento a un disco de Roy Ayers o George Clinton.

 

FICHA TÉCNICA

Nacionalidad: EE UU

Año de producción: 2007

Director: David F. Walker

Guión: David F. Walker, basado en el cómic “Black Santa’s Revenge” de David F. Walker

Productores: David F. Walker, Ken Foree

Productores ejecutivos:, Natascha Wharton

Director de Fotografía: Kart Amdal

Montaje: Kart Amdal

Música: Ryan Sorensen, Lifesavas

Interpretes: Ken Foree, Todd Robinson.

Web oficial: http://www.blacksantamovie.com

 


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February 16

Deliverance, piragüismo hacia las entrañas de la violencia

“Deliverance”, piragüismo hacia las entrañas de la violencia

 

 

 

Cuatro hombres de negocios de la gran ciudad emprenden una excursión durante el fin de semana: navegar en canoa por las aguas del misterioso río, antes de que este acabe siendo arrasado por la mano del hombre y desaparezca. Pero la aventura se torna en terror a partir de un terrible y desafortunado encuentro con unos pueblerinos. A partir de ese momento, los hombres se verán envueltos en una lucha por la supervivencia con la madre naturaleza como telón de fondo.

 

Basado en la novela homónima de James DickeyDeliverance” se proclama como uno de los títulos clave de la década de los setenta, y de la notabilísima carrera de John Boorman, autor dotado de un talento para plasmar la violencia del ser humano en su vertiente más descarnada y brutal. En este caso, nos sitúa en una representación de la dicotomía ciudad-campo: cuatro tipos de ciudad quieren desafiar los rápidos de un río embravecido que cuenta las horas ante su próxima desaparición por la mano urbanizadora y especuladora del ser humano.

 

 

Una cinta exuda simbolismo por sus sudorosos y viriles poros: desde Lewis (Burt Reynolds), el aguerrido, salvaje e intrépido aventurero que busca constantemente emociones fuertes; Ed (Jon Voight) es el tipo racional, el que muestra un mayor respeto por el medio; Drew y Bobby (Ronny Cox y Ned Beatty respectivamente) personajes a los que el contacto con la naturaleza les es algo meramente tangencial, si bien el primero muestra un talante más abierto y entusiasta que su compañero. Esos personajes seguros de sí mismos, verán como se convierten en cabeza de turco de la naturaleza, la que origina y desata el odio y la violencia. Un conflicto que se entreve de forma premonitoria ya en los primeros compases de la película, en esa mítica escena del duelo de banjos: cortado de forma abrupta, sin razón alguna, su joven protagonista se niega a continuar con la melodía que sostenía a medias con el personaje de Ronny Cox. Su actitud esquiva ante los urbanitas es el indicio de que no son del todo bienvenidos en ese lugar, sensación que luego quedará corroborada. El devenir de los acontecimientos no hace más que reforzar ese valor simbólico de sus personajes, que se ven obligados por las circunstancias a liberar sus instintos más primarios. El desencadenante lo constituye una perturbadora escena de sodomía a estos chicos de ciudad, que llega sin aviso ni tiempo para que el espectador tenga tiempo de reaccionar, en total austeridad, sin acompañamiento musical alguno que rebaje la fuerza de las imágenes y que lo distancie de esa crudísima realidad.

 

 

 

 

 

No extraña, pues, que en un principio Sam Peckinpah hubiera estado interesado en adaptar el texto de Dickey, que también encuentra puntos en común con las claves de su filmografía. Aunque ese detalle puramente anecdótico poco importa ante el trabajo de John Boorman, director que se ha especializado en introducir a sus personajes en tremendas situaciones límite. La lucha que nos refleja la película supone también una mostración de la violencia humana en su vertiente más desnuda y seca. Cortante como el filo de un machete, se apoya en una magnífica fotografía de Vilmos Zsigmond (nominada al Oscar) para dotar a las situaciones de ese componente brutal, con altos contrastes y una iluminación potente.

 

 

Boorman consigue un desarrollo tan fluido como las corrientes del propio Río Chattooga -en el que fue rodada la película-, acrecentando gradualmente el suspense y la tensión a cada nuevo paso de los sufridos protagonistas. Funciona como una máquina bien engrasada en el terreno narrativo, a medio camino entre las aventuras y el terror más cotidiano, que aparece de improviso, como una patada en el estómago para el espectador, y que perdura hasta el último minuto del relato. Y si no hay respiro y los momentos de calma apenas existen (y cuando se dan, sólo sirven para contemplar el poderío de las formaciones tectónicas del incomparable paraje que es espacio de la acción), para el público tampoco: no se podrá percibir una sola pizca de humor, que destense la situación: los nervios se tensan sin vuelta atrás para unos y otros.

 

 

Los guerreros se crecen ante la adversidad. Olvídense de sus liftings y sus operaciones de cirugía estética, que en los últimos años pesan más que sus trabajos ante las cámaras: Burt Reynolds es un tremendo actor, y en “Deliverance” alcanza una de sus actuaciones más sobresalientes dando forma a ese macho men sureño que parece liderar al grupo de guerreros por accidente en que las circunstancias les convierten; aunque en realidad, el auténtico cabecilla, el que así se muestra cuando lleguen las dificultades, es el contenido Ed que construye Jon Voight. Ronny Cox y Ned Beatty debutan en el cine con este largo, y se doctoran con honores.

 

Mutilada por la censura en su estreno en España, “Deliverance” es una película que aguanta el paso del tiempo sin perder un ápice de su fuerza poética: la violencia inherente al ser humano, que puede estallar en cualquier momento, y descubrir la cara animal que llevamos dentro y que espera para emerger en contacto con la tierra; una naturaleza que espera a ser destruida, pero que se encarga de recordar de donde venimos. Y, además, una epopeya de tintes épicos, con escenas para el recuerdo: el descenso por los rápidos, y muy, muy especialmente, el ya citado duelo de banjos, una delicia para los oídos, que contrasta con la dureza agreste a la que acompaña.

 

 

 

 

    

 

 

FICHA TÉCNICA

Nacionalidad: EE UU

Año de producción: 1972

Director: John Boorman

Guión: James Dickey, basado en el libro “Deliverance” de James Dickey

Productor: John Boorman

Director de Fotografía: Vilmos Zsigmond

Montaje: Tom Priestly

Música: Eric Weissberg

Maquillaje: Michael Hancock

Efectos especiales: Marcel Vercoutere

Interpretes: Jon Voight, Burt Reynolds, Ned Beatty, Ronny Cox

Distribuye en España: Warner Bros.

Fecha de lanzamiento en DVD en España: 16 de octubre de 2007

 


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February 03

La noche de los girasoles, tremendo rompecabezas rural

“La noche de los girasoles”, tremendo rompecabezas rural

 

 

 

Esteban (Carmelo Gómez) y Pedro (Mariano Alameda) son dos espeleólogos que llegan a una apacible zona montañosa para estudiar el hallazgo de una cueva, y determinar si tiene algún interés científico. Les acompaña Gabi (Judith Diakhate), la novia de Esteban, que les espera al pie de la montaña, mientras ellos hacen su trabajo. Cuando los espeleólogos salen de la cueva, se encuentran a Gabi aterrorizada. Lo que le ha ocurrido desembocará una serie de turbios acontecimientos...

 

Con “La noche de los girasoles” se nos descubre un talentoso director español, Jorge Sánchez Cabezudo, que teje una enrevesada y violenta trama de desgraciados infortunios anclada en lo más profundo de la España rural. Un film que parece situarse a medio camino entre el desasosiego de “La caza” (Carlos Saura, 1960)  y el trabajo como guionista de Guillermo Arriaga; eso sí, no ha de entenderse esto como una cinta deudora del rompedor esquema de tramas paralelas que el guionista y director mexicano puso en práctica en “Amores Perros” (Alejandro González Iñárritu, 2000) o “Los tres entierros de Melquíades Estrada” (The Three Burials of Melquíades Estrada”, Tommy Lee Jones, 2005). El film que nos ocupa tiene una identidad propia, y se constituye como un sobrio ejercicio de estilo, basado en la pureza de sus elementos y en una cuidada puesta en escena que nos conduce hacia un escenario sórdido, en el que todos los personajes esconden algo.

 

 

Estamos en un escenario cerrado, y nos movemos entre un círculo cerrado de personajes, cuya tranquilidad se ve resquebrajada de forma traumática por un agente externo, casi ajeno a la historia, pero de la que es el principal y último responsable. A partir de un inicio lento, un tanto desconcertante en principio, “La noche de los girasoles” poco a poco se adentra en los resquicios más oscuros de la naturaleza humana: la violencia se muestra como un acto absurdo, carente de sentido y de lógica, en el que, por razones que no conviene desvelar para evitar destripes innecesarios a quien esto lee, van cayendo los personajes principales. Resulta especialmente revelador comprobar que entre los distintos bloques en que se divide, cada uno correspondiente a un grupo de personajes concreto, las relaciones que se establecen entre ellos tienen como nexo de unión o punto de partida la violencia en su presentación más descarnada y brutal: no hay estilización alguna, y sus consecuencias son tan amargas como se puede esperar en la vida real. Y todo eso se produce con el despoblamiento rural como telón de fondo, en medio entre la soledad de los supervivientes de un mundo que se extingue y las ansias económicas de sus nuevos “usos” (el turismo rural, el aprovechamiento del filón de la tierra virgen).

 

Hay ecos de Fuller y Peckinpah, del cine más clásico y reposado. La acción se desarrolla de forma lenta, pausada, durante las casi dos horas de duración, en las que la intensidad de la narración experimenta algunos momentos verdaderamente brillantes, especialmente a lo largo de la primera parte de la película, la más compleja narrativamente; en su segunda mirad, la trama se mueve por terrenos más convencionales, olvidándose un tanto de la estructura rashomoniana; el ritmo decae ligeramente por momentos, pero tampoco pierde el buen pulso narrativo. El director sale más que bien parado del envite: estamos ante un film deliberadamente sosegado en su desarrollo, rasgo que incrementa y amplifica el desazonador panorama que nos presenta.

 

 

Y aún más, porque tiene la virtud de ofrecernos la imponente y seca presencia de un actor como Cesáreo Estébanez, que representa como nadie ese estigma de la soledad de la vida rural. No es un caso aislado; un film coral como este requiere de los actores un alto grado de compromiso; aquí todos funcionan en sus roles como perfectas piezas de engranaje. Destacar sólo a algunos de la larga lista de nombres que componen el elenco sería un error. Es un brillante trabajo de conjunto, otro de los pilares que sostiene la película.

 

Jorge Sánchez Cabezudo parece estar destinado a ser un nombre importante en el panorama del cine español: ideas claras, historias distintas que contar y talento para hacerlo. Así lo atestiguan los no pocos reconocimientos en forma de premios y nominaciones que le han caído por su primer trabajo. Que no sea el último. 

 

 

FICHA TÉCNICA

Año de producción: 2006

Director: Jorge Sánchez Cabezudo

Productor: Enrique González Macho

Productor ejecutivo: Belén Bernuy

Coproductores: Luis Galván Teles, Michael Gentile

Música: Krishna Levy

Guión: Jorge Sánchez Cabezudo

Director de fotografía: Ángel Iguacel  

Montaje: Pedro Ribeiro

Intérpretes: Carmelo Gómez, Judith Diakhate, Celso Bugallo, Manuel Morón, Mariano Alameda, Vicente Romero, Walter Vidarte, Cesáreo Estébanez.

Distribuye: Alta Classics

Fecha de estreno en España: 25 de agosto de 2006

 

January 20

Días de gloria, recuperando un pasado oculto

“Días de gloria”, recuperando un pasado oculto

 

 

Tras la invasión nazi en Francia en 1940, el gobierno de de Gaulle toma la decisión de reclutar a más de 200.000 hombres procedentes de las colonias del país en el Norte de África, dispuestos a luchar por proteger a su colonizador. Ese cuerpo, formado en su mayoría por argelinos, y a los que se llamaba “indígenas” dentro del cuerpo militar francés, acabó siendo una pieza fundamental en la lucha contra las tropas de Hitler, y para liberar Italia, Provenza, los Alpes, Alsacia y el Valle del Rhone. Cuatro jóvenes argelinos se presentan como voluntarios para formar parte de este frente. Allí, no sólo deberán encarar los desastres y crueldades de la guerra, sino también el racismo y la desigualdad.

 

Hay apartados de la historia contemporánea que por distintas razones, han quedado ocultas durante años hasta que son desenterrados. “Días de gloria” se encarga de hacer lo propio con la historia acaecida durante la Segunda Guerra Mundial de los soldados procedentes de las colonias francesas que lucharon y dieron sus vidas para proteger Francia, un país que en muchos casos ni siquiera habían pisado, pero del que habían aprendido a sentirse parte integrante. Y a pesar de sus valiosos esfuerzos, vitales para liberar Europa de las manos megalómanas de Hitler, fueron vilipendiados y olvidados a la hora de los galones y los aplausos. Un punto de partida diferente a lo que el cine bélico centrado en esta contienda tiende a plasmar en el cine. El grueso de las películas centradas en este episodio histórico se centran en las “grandes eventos” (véanse el desembarco de Normandía o el ataque a Pearl Harbor), no tanto en historias tan particulares y, sobre todo, tan desconocidas, como la de los indígenas -apelativo que los franceses utilizaban para referirse a los norafricanos que luchaban con ellos-.

 

En una época como la actual, en la que los problemas del racismo y la xenofobia siguen siendo candente y triste actualidad, “Días de gloria” gana en significado, y ofrece a la vez un honesto homenaje a esos personajes relegados a un desolador segundo plano, una crítica a una nación incapaz si quiera de compensar como merecían estas tropas (en 1959, las pensiones destinadas a los combatientes indígenas fueron congeladas, y así continuaron hasta que el por entonces presidente francés Jacques Chirac pudo ver la película y decidió “descristalizarlas” totalmente, impresionado por la historia), y por último, un acercamiento a la psique de los protagonistas de la guerra.

 

 

Con un presupuesto ajustado en comparación con la desmedida disponibilidad de medios de las producciones bélicas estadounidenses (17 millones de euros), técnicamente resulta impecable. Las secuencias de pura contienda bélica están rodadas con sobriedad y verismo. Pero lo importante de esta cinta es que el combate puro y duro no es tan importante como conocer la dimensión humana del conflicto, saber cuáles son los temores, las ilusiones y las sensaciones que el cuarteto protagonista siente. En definitiva, lo esencial aquí es mostrar la confrontación entre sus sentimientos hacia “la madre patria” para la que guerreaban y la gélida respuesta que recibían. Todo esto, culminado con un epílogo terriblemente desolador, que personifica el ostracismo y humillación de los “indígenas”. Y lo más sobrecogedor de todo: tiene lugar en nuestros días, no en los tiempos en los que el nazismo daba sus últimos coletazos.

 

Narrada con pulso, convence y emociona a partes iguales. Si “Salvar al soldado Ryan” (“Saving Private Ryan”, Steven Spielberg, 1998) se configura como una clásica cinta de género con ínfulas ligeramente panfletarias al más puro estilo “Why We Fight” (1943-1945), “Días de gloria” rehuye de este modelo (aunque la huella del film de Spielberg se deja notar levemente en los tonos desgastados de la fotografía). Aunque nos encontramos ante una película bélica, no nos habla tanto de la guerra como de la dignidad denegada, del respeto frente al racismo. Constituye un ejercicio de memoria histórica y un mensaje aleccionador: si algo puede demostrar el horror y la muerte es que las barreras entre culturas no están creadas sino por los propios hombres. Al final, todo se reduce a lo mismo, aunque algunos sólo algunos reciban el reconocimiento.

 

 

 

"Estoy muy contento de lo logrado. Resulta formidable que se puedan finalmente cambiar las cosas y reparar las injusticias"

(Rachid Bouchareb)

 

FICHA TÉCNICA

Nacionalidad: Francia, Argelia, Marruecos, Bélgica

Año de producción: 2006

Director: Rachid Bouchareb

Guión: Rachid Bouchareb, Olivier Lorelle

Productor: Jean Bréhat

Productora ejecutiva: Muriel Merlin

Co-productores: Jaques-Henri Bronckart, Carolina Cochaux, Jamel Debbouze, Genevieve Lemal, Alexandre Lippens

Director de Fotografía: Patrick Blossier

Montaje: Yannick Kergoat

Música: Armand Amar y Khaled

Efectos especiales: Noel Chainbaux

Interpretes: Jamel Debbouze, Samy Naceri, Roshoy Zem, Sami Bouajila, Bernard Blancan, Mathieu Simonet, Asad Bouar, Bendit Giros, Antoine Chappey.

Distribuye en España: Notro Films

Fecha de estreno en España: 30 de marzo de 2007

Web oficial: http://www.tadrart.com/tessalit/indigenes/

 


 

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December 24

Hot Fuzz, tiroteando las buddy movies

 “Hot Fuzz”, tiroteando las buddy movies

 

 

Nicholas Angel (Simon Pegg) es el agente más eficiente de Londres. El más y mejor preparado. El más meticuloso. En definitiva, es el mejor. Y precisamente por eso, sus jefes deciden alejarlo lo máximo posible del resto del cuerpo, para evitar que sus perfectas actuaciones dejen en evidencia al resto del cuerpo. Nicholas es destinado al apacible pueblo de Sandford, el más seguro de toda Inglaterra, donde le toca trabajar junto al agente Butterman (Nock Frost), un tipo regordete obsesionado con las películas de acción estadounidenses y aficionado a las borracheras. Mientras trata de adaptarse a su nueva y anodina vida en el pueblo, Nicholas descubrirá que debajo de la aparente tranquilidad de Sanford se esconde un sangriento secreto que va dejando un reguero de muertos en extrañas circunstancias.

 

Primero fueron los muertos vivientes en “Zombies Party” (“Shaun of the Dead”, Edgar Wright, 2004); ahora, le toca el turno a las buddy movies y al cine de acción en general. Edgar Wright, el gran adalid del nuevo cine británico, consigue con “Hot Fuzz” (obviaremos el horrendo título asignado para su distribución española, “Arma fatal”) volver a sorprender y hacer reír a la audiencia, empleando a partes iguales sus extensa gama de referencias cinéfilas a toda clase de géneros y subgéneros, un potente sentido visual, y su don para crear grandes historias en las que conjugar humor y horror a partes iguales.

 

 

De nuevo, con un Simon Pegg pletórico y un Nick Frost que le va a la zaga, “Hot Fuzz” se alza en un particular homenaje al cine de acción made in USA, y en una parodia inteligente, afilada en algunos casos, pero también cariñosa en otros, a títulos diversos: hits hollywoodienses como “Le llaman Bodhi” (“Point Break”, Katrhyn Bigelow, 1991), “Arma letal” (“Letal Weapon”, Richard Donner, 1987) o “2 policías rebeldes 2” (“Bad Boys II”, Michael Bay, 2002); pero también clásicos como  Por un puñado de dólares” (Per un pugno di dollari”, 1964, Sergio Leone), “Wicker Man” (“Wicker Man”, Robin Hardy, 1977) o “Perros de paja” (“Straw Dogs”, Sam Peckinpah, 1971). Algunos tratados con más sorna que otros, pero todos ellos por igual sirven de caldo de cultivo para el objetivo que se propone Wright. Pero esto es sólo una parte del compendio de factores presentes en “Hot Fuzz”: ante todo, es una cinta con total autonomía respecto a esas piezas a las que referencia: así lo constata la construcción de la trama, del humor y del suspense ejemplar, en la que la inclusión de gags está repensada y medida al milímetro, y en la que no faltan algunas puntilladas gore. Una película que deconstruye los tópicos del género, y que, además, se ríe abiertamente de esa modélica y correctísima sociedad british que caricaturiza de forma grotesca (en este sentido, esos personajes secundarios pueden tener sus puntos en común en España con los de la factoría Alex de la Iglesia, que han pululado por “El día de la bestia” (1995) o “La comunidad” (2000)).

 

La guinda de la película son las esmeradas interpretaciones: a las ya citadas presencias del demoledor tándem interpretativo Pegg/Frost, hay que añadir un plantel de secundarios de lujo, con Jim Broadbent a la cabeza, y con el Timothy Dalton más descacharrante que se ha visto en los últimos años, componiendo un papel con aires del Vincent Price más gamberro.

 

 

La pega principal que tiene este “Hot Fuzz” es sin embargo, un montaje demasiado acelerado en la parte final del film, que puede resultar hasta cierto punto cargante para aquel no iniciado en el cine hipernervioso de Tony Scott, sin ir más lejos. No obstante, probablemente esta elección de montaje se justifica en, precisamente jugar con esas convenciones de la acción yanqui, en la que los planos por minutos pueden alcanzar cifras insospechadas e imposibles de encontrar en una película que transcurra en una urbe europea tan poco propensa a tan trepidantes situaciones. Independientemente de eso, el trabajo de Wright detrás de las cámaras es simplemente ejemplar, y es el montaje donde demuestra su enorme talento para contar historias, algo que ya había demostrado en “Zombies Party”. Un ejemplo: la soledad y hastío de Nicholas Angel se resume en el primer acto con un relato repetitivo, rápido y seco, en el que el espectador descubre todas esas insípidas rutinas a las que le somete su drástico cambio de vida. Una opción brillantemente ejecutada, como tantas otras que se suceden a lo largo de los 121 minutos de metraje.

 

Imaginen un apacible pueblo en la campiña inglesa. Súmenle a eso una trama policíaca y de misterio, aderezada con humor negro, y rematada con persecuciones, tiroteos y sangre por doquier. Esto no es un film made in Hollywood, es una nueva y divertidísima hazaña de Edgar Wright.

 

FICHA TÉCNICA

Nacionalidad: Reino Unido/Francia

Año de producción: 2007

Director: Edgar Wright

Guión: Edgar Wright, Simon Pegg

Productor: Nira Park, Tim Bevan, Eric Fellner

Productores ejecutivos:, Natascha Wharton

Director de Fotografía: Jess Hall

Montaje: Chris Dickens

Música: David Arnold

Vestuario: Annie Hardinge

Interpretes: Simon Pegg, Nick Frost, Jim Broadbent, Timothy Dalton,

Distribuye en España: Universal Pictures International

Web oficial: http://www.hotfuzz.com

Presentada en el Festival Internacional de Cinema de Cataluña, Sitges 2007: 05/10/2007, 20:15 horas

Sección Oficial Fantastic

 

Presentada en el Festival Internacional de Cinema de Cataluña, Sitges 2007: 07/10/2007, 10:45 horas

Sesión Oficial Premiere: La cinta “Hot Fuzz” fue presentada en el Festival Internacional de Sitges, con la presencia en la ciudad de su director, Edgar Wright. Para más información sobre la película y el festival, accede a su web oficial.

 

  

 


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS DE INTERÉS:

COSTA, Jordi: "La verdad está en el videoclub", en EL PAÍS, dentro de la Sección Cultura (07-12-2007)

SÁNCHEZ, Sergi: http://www.fotogramas.orange.es/CRITICAS/10975@CRITICAS@0.html


 

 

 

November 23

[REC·], telerrealidad en carne viva

“[REC·]”, telerrealidad en carne viva

 

 

 

Una reportera y su cámara se encuentran grabando un programa de televisión en una estación de bomberos para mostrar los entresijos de esta profesión, ver cómo se enfrentan a las situaciones cotidianas. Mientras les acompañan en una de sus salidas nocturnas, lo que parecía una simple intervención rutinaria para atender a una anciana accidentada se convierte en un infierno del que no pueden salir. Atrapados en el interior de un edificio de viviendas, el equipo de televisión, junto con la pareja de bomberos a la que acompañaban y la comunidad de vecinos deberá enfrentarse al horror en primera persona. La batería de la cámara parpadea y los nervios de la presentadora y su cámara están a flor de piel. Pero no es razón para dejar de grabar lo que está sucediendo en esa casa.

 

Referentes patrios de la nueva hornada de directores fascinados con el horror, Jaume Balagueró y Paco Plaza han ido forjándose una reputación a escala internacional merced a unas cortas pero intensas filmografías. De sus respectivas carreras han salido títulos que se han declarado, con desiguales resultados, deudores de los mecanismos más clasicistas del cine de suspense y terror de los últimos treinta años. Y aunque merecen el aplauso por el nada desdeñable hecho de haber rejuvenecido e impulsado el género del horror con ñ -en capa caída desde finales de los setenta, salvo honrosas excepciones-, bien es cierto que aún hacía falta saltar un escalón más allá, y dar un nuevo paso más allá para distanciarse de los convencionalismos contemporáneos. En tal sentido, la frustrada experiencia (por el maltrato que sufrió por parte de Tele5) de “Películas para no dormir” les sirvió para ir cargando su arsenal de innovadoras y poderosas estratagemas para suscitar el pánico. Especialmente remarcable es “Para entrar a vivir” (Jaime Balagueró, 2006), un tremebundo viaje al extrarradio de una pareja en busca de piso, para el que Balagueró adelantó algunos elementos narrativos que han sido desarrollados con gran acierto y total inspiración en “[REC·]”.

 

 

 

Grabándolo todo. La televisión es el punto de partida y el germinador en las mentes de los directores de este experimento salvaje y adrenalítico, que hereda el modelo del hiperrealismo que tan buenos resultados ha dado en series de culto como las imprescindibles creaciones de Ricky Gervais y Stephen MerchantThe Office” (2001-2003) y “Extras” (2005-2007), y lo reinterpreta en clave terrorífica. Así, narrada en tiempo real, con un presupuesto reducido, un único escenario y un puñado de rostros desconocidos pero efectivos, “[REC·]” se alza como un fresquísima y gamberra bocanada de aire que se mofa del papel que ha adquirido ese imprescindible electrodoméstico presente en el grueso de los hogares de medio mundo para construir realidades, crear y modificar la percepción de lo que nos rodea, hasta difuminar las líneas de la realidad y la ficción. Eso es lo que nos presentan: una grabación “en bruto”, una ficción anclada en lo cotidiano, y revestida de realidad por las técnicas de grabación que se aprovechan de los recursos formales que nacieron en los sesenta con el cinema direct, y que en nuestros días son ya marca de autenticidad: el recurso de la cámara en mano, ausencia de música, la imperfección del encuadre, planos interminables, que privilegian el desarrollo de la acción sin necesidad de recurrir a trucos de montaje, que disminuirían esa sensación de verité macabro. Es un terror directo a la yugular, sin artificios. Un efecto al que se llega al privilegiar la relación directa de los cineastas con la materialidad de ese único escenario y de los intérpretes, en vez de recurrir a un guión cerrado, y que entronca con el modo de operar del cine documental. Y que a su vez, está estrechamente relacionado con las posibilidades que permiten los medios alternativos al cinematógrafo tradicional, como el móvil o Internet.

 

En semejante estado de angustia extrema, Balagueró y Plaza, convertidos en siniestros grandes hermanos para/con sus personajes, traslada al espectador a un punto en el que pasa a formar parte del grupo de infelices encerrados a cal y canto en el lúgubre bloque de viviendas en que la sangre corre con la fluidez de un caudal crecido. Los malévolos ventrílocuos implican al público hasta hacerlo sentir uno más de esa esperpéntica galería de vecinos que bien podrían representar un cuadro lleno de desvergonzada mordacidad de la fauna urbana castiza. Porque más allá de jugar con esa concepción metalingüística de la televisión dentro del cine, también se toma su tiempo en sacar el jugo sin piedad a un patio de vecinos temible, precisamente por su cercanía a la realidad. Nadie se salva, ni siquiera la tenaz y ambiciosa reportera que con total convicción encarna Manuela Velasco, que amortiza su larga experiencia en el medio televisivo como presentadora para cargar a sus hombros el peso de la película y otorgar un plus a este conjunto en su contacto y confusión con la realidad.

 

 

No hay espacio para la relajación. Con un sanísimo humor negro, el propósito del tándem se salda con resultados de matrícula: son capaces de mantener en estado de tensión casi permanente -tan solo nos dejan unos leves respiros al comienzo del relato, mientras permanecemos expectantes ante los posibles acontecimientos que nos esperan; y en momentos puntuales dedicados al ensañamiento psicológicos de sus personajes- durante los 85 minutos de duración del film. Y es que, por encima de todo subtexto, esta cinta ofrece algunos de los momentos de terror más impactantes que ha dado la industria española en años.

 

Con “[REC·]”, Balagueró y Plaza (o Plaza y Balagueró, el orden de los factores no altera el producto) han conseguido dar una vuelta de tuerca en un género necesitado de renovación constante y continua retroalimentación del mundo alrededor del cual nace. Una estimulante y festiva pieza de docuhorror,  un originalísimo cuento de horror visceral y enloquecido que reflexiona entre sustos y gritos sobre la capacidad de los medios de comunicación de determinar nuestra concepción de realidad y suscitar el miedo. Porque el terror puede surgir de cualquier parte, y que lo conozcamos sólo depende de una cosa: que se encienda el piloto rojo de la cámara.

 

FICHA TÉCNICA

Año de producción: 2007

Directores: Jaume Balagueró y Paco Plaza

Productor: Julio Fernández

Productor ejecutivo: Julio Fernández, Carlos Fernández

Coproductor ejecutivo: Alberto Marini

Guión: Jaume Balagueró, Paco Plaza y Luis A. Berdejo

Director de fotografía: Pablo Rosso

Montaje: David Gallart

Efectos visuales: Álex Villagrasa

Intérpretes: Manuela Velasco, Ferrán Terraza, Jorge-Yamam Serrano, Pablo Rosso, David Vert, Vicente Gil, Martha Carbonell, Carlos Vicente, María Teresa Ortega, Ben Temple, Carlos Lasarte.

Distribuye: Filmax

Fecha de estreno en España: 23 de noviembre de 2007

Página web oficial: http://www.recmovie.com/

 

 

 

Presentada en el Festival Internacional de Cinema de Cataluña, Sitges 2007: 05/10/2007, 20:15 horas

Sección Oficial Fantastic: La cinta “[REC·]” fue presentada en la Sección Venezzia Notte (fuera de concurso) en la sexagésimo cuarta edición de la Mostra de Festival Internacional de Cine de Venecia, y a continuación en la cuadragésima edición del Festival Internacional de Sitges, del que se convirtió en la gran triunfadora: obtuvo el Premio de la Crítica y el Premio del Público, además de los galardones al Mejor Guión (Jaume Balagueró, Paco Plaza y Luis Berdejo), Mejor Actriz, y de la Mención Especial de la Crítica. Para más información sobre el palmarés y el Festival de Sitges, accede a su página oficial.

 


 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS DE INTERÉS: COSTA, Jordi: "EL CINE EN LOS TIEMPOS DE LA INFECCIÓN DE IMÁGENES", dentro de BABELIA, suplemento de "EL PAÍS" (10/11/2007)

 


November 18

Escalofrío en la noche, un Eastwood primerizo y meritorio

“Escalofrío en la noche”, un Eastwood primerizo y meritorio

 

 

Dave Garland (Clint Eastwood) es un popular locutor de radio de una emisora local de California. Ligón empedernido, en su programa recibe frecuentes llamadas de una ferviente admiradora, que siempre repite la misma frase “Play “Misty” for me”. Una noche, tras acabar el programa, Dave conoce por fin a la propietaria de esa fiel voz, Evelyn (Jessica Walters), con quien pasa la noche. Sin embargo, la dulce fan a la que había seducido resulta no ser como parece... Ante el rechazo de Dave, e incapaz de aceptarlo, la mujer se dedicará a acecharle a él y a todo lo que le rodea.

 

Estandarte del clasicismo y la elegancia en nuestros días gracias a títulos “Mystic River” (“Mystic River”, 2003), “Sin perdón” (“Unforgiven”, 1992) o “Million Dollar Baby” (“Million Dollar Baby”, 2005), el genio del Eastwood cineasta comienza a gestarse a principios de la década de los setenta, cuando se lanza a la piscina y se zambulle en la dirección de una cinta de suspense que parte de una premisa tan inusual en aquellos tiempos y tan manida en la actualidad: la figura del acechador (acechadora, en este caso particular) que no descansa hasta poseer y controlar cada segundo de la existencia de su amado/odiado ha sido (re)visitada hasta la extenuación de la fórmula en “Atracción fatal” (“Fatal Atraction”, 1987), “Fanático” (“The Fan”, Tony Scott, 1996) o “Seduciendo a un extraño” (“Perfect Strangers”, James Foley, 2007), por citar solamente algunos de los más conocidos. No obstante, “Escalofrío en la noche” destaca por ser una de las primeras que se adentra en esa temática, así como por otorgar a una mujer ese rol de acosadora; en una época en la que los papeles importantes femeninos brillaban por su ausencia, en pos de la adopción de roles secundarios, como acompañantes o apoyos de los protagonistas masculinos, Eastwood rompe con el estereotipo del héroe duro e impasible y presenta un personaje, el suyo, atormentado por una admiradora con la que ha pasado una noche de sexo y jolgorio. Un tormento que va in crescendo, desde las surrealistas y casi humorísticas primeras visitas de la joven en cuestión hasta las descargas de violencia totalmente explícitas.

 

 

 

Frente a la cursi y artificial atmósfera del stalker moderno, Eastwood se decanta por la serie B, y la elección de situaciones y espacios cotidianos y conocidos, como medio para intensificar el suspense de la película. No hay grandes sustos, ni efectismos gratuitos: los lugares comunes son los más efectivos para crear el miedo. No se trata de provocar en el respetable el mayor número de sustos posible, sino de ir construyendo una atmósfera de suspense bien elaborado, a partir de unos escenarios más o menos ordinarios o mundanos. En ese sentido, la actriz Jessica Walters, que da vida con poderosa convicción a la acosadora del mujeriego locutor encarnado por Clint Eastwood, trae consigo los grandes momentos de la película; y a la vez, los más cercanos a esa serie B, especialmente, en todos sus momentos de desbocación psicótica, que no escatiman en hemoglobina. Mientras, Eastwood construye un personaje antiheróico, mezquino y sufridor, en las antípodas de los grandes e impertérritos héroes a los que había dado vida hasta entonces. Frente al hieratismo y rotundidad de Harry el Sucio, este Eastwood no es sino un acercamiento a esa estirpe de personajes que coparán su filmografía posterior como director.

 

 

Si bien el film acumula una notable cantidad de aciertos, también adolece de algunos defectos, por otro lado comprensibles si tenemos presente que se trata de un novel en el largo. Principalmente, se detecta un bajón en el ritmo dinámico que ha llevado el film según avanzamos hacia el final del segundo acto, que tiende a paralizar el tiempo de la acción. El director se centra en mostrar el reencuentro pasional entre Dave y su novia (Donna Mills), en una larga y edulcoradísima escena de amor acompañada por una melindrosa melodía de Roberta Stack, que resta algunos enteros al trabajo que hasta ese momento había desarrollado Eastwood. Quizás, peca aquí al introducir un tono poético demasiado forzado, más cursi que lírico; un recurso éste (el del lirismo) del que ha acabado por convertirse en un verdadero maestro. Mucho más interesante, aunque igualmente se excede ligeramente en el metraje que emplea para ello, es la escena que nos acerca al Festival de Jazz de Monterrey, un punto de encuentro de largo recorrido histórico (su primera edición tuvo lugar en 1958) para los amantes del jazz. La cámara se introduce en ese ambiente de fiesta hasta acabar involucrando al espectador entre la marabunta de asistentes, entre ellos el personaje de Eastwood. Y es que la música en esta película es el auténtico motor; no en vano, la obsesión de la mujer protagonista comienza con una reiterativa petición de una canción en la emisora de radio de Dave (la “Misty” del título original de la película, compuesta por el pianista de jazz Errol Garner).

 

En cualquier caso, el tercer acto del film rompe con el tramo previo y regresa al tono mucho más fluido del resto de la película, con gran eficacia. Y cierra una ópera prima sugerente, terriblemente atractiva. Una cinta eficaz, que adelanta destellos de lo que ofrecerá el Clint Eastwood de años venideros al cine: elegancia y clasicismo narrativo por todos los poros.

 

 

<<"Play Misty for Me" is not the artistic equal of "Psycho," but in the business of collecting an audience into the palm of its hand and then squeezing hard, it is supreme. It doesn't depend on a lot of surprises to maintain the suspense. There ARE some surprises, sure, but mostly the film's terror comes from the fact that the strange woman is capable of anything.>>

ROGER EBERT, Chicago SunTimes, (01-01-71)1

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Título original: Play Misty for Me

Año de producción: 1971

Director: Clint Eastwood

Productores: Robert Daley, Jenning Lang

Productor asociado: Robert E. Larson

Guión: Jo Heims y Dean Riesner, basado en una historia de Jo Heims

Productor: Robert Daley

Música original: Dee Barton

Director de fotografía: Bruce Surtees

Reparto: Clint Eastwood, Jessica Walters, Donna Mills, John Larch.

Distribuida por: Universal Pictures

 


 

Curiosidades: Donald Siegel, director de "Harry el sucio" ("Dirty Harry", 1971) o "La fuga de Alcatraz" ("Escape From Alcatraz", 1979), se encargó de apadrinar el debut de su amigo detrás de las cámaras, e incluso llegó a hacer una breve aparición como intérprete: es Murphy, el barman amigo de Dave. Sus escenas fueron las primeras que dirigió Clint Eastwood.

 



 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:1

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/19710101/REVIEWS/101010324/1023

 


November 01

Zombies Party, el estimulante mundo del zombi británico

“Zombies Party”, el estimulante mundo del zombi británico

 

 

Shaun (Simon Pegg) lleva una existencia caótica y anodina: se pasa la vida bebiendo cerveza con su amigo Ed (Nick Frost) en la taberna “Winchester”, descuida la relación con su novia Liz (Kate Ashfield), y también con su madre y su padrastro (Bill Nighy). Después de que su Liz rompa la relación, Shaun decide que es el momento de arreglar las cosas y ponerlo todo en su sitio. Lástima que, justo el día en que se dispone a solucionar sus problemas los muertos vuelvan a caminar, con ganas de comer vivos. Pero Shaun no se detendrá ante tal situación, y se erigirá en el líder de un minúsculo grupo de supervivientes formado por su madre, su padrastro, su amigo del alma, su novia, y los inseparables amigos de esta.

 

Cuando todos los caminos del subgénero de los zombies parecían estar transitados hasta el colapso, como consecuencia de una cansina repetición de la fórmula romeriana  creada allá por 1968, hasta caer en la mediocridad más absoluta (desde la horrible “House of the Dead” del inenarrable Uwe Boll y las entregas de “Resident Evil”, hasta “Amanecer de los muertos” (“Dawn of the Dead”, Zack Snyder, 2004), superior a las anteriores pero inferior a su original de 1978), un rayo de luz llegó desde tierras británicas, con el nombre de “Zombies Party: una noche de muerte” -o el original “Shaun of the Dead”, como prefieran-. Un prodigio de imaginación, mala leche y salvaje regusto cinéfilo, que sustituye los Apocalipsis de diseño made in Hollywood por los suburbios londinenses; a los muertos de perfectas condiciones motrices por los clásicos zombies torpes y parsimoniosos; y a los héroes y heroínas de cartón piedra por personajes de clase media con trabajos anodinos y gran gusto por la malta. En resumidas cuentas, un necesario soplo de aire fresco para el género.

 

 

 

Nacida de las mentes pensantes de su director Edgar Wright y su protagonista, Simon Pegg, “Zombies Party” es una cinta que nace y se alimenta a partir de una extensa gama de referentes anclados en la serie B y en el cine de Romero, Carpenter, Sam Raimi, John Landis o Lucio Fulci. Operan de una manera cercana a la de Quentin Tarantino en lo que a explorar, reciclar y actualizar los grandes aciertos de sus predecesores, para elaborar un discurso propio, del que se desprende una gran admiración y respeto por esos clásicos de culto no aptos para todos los públicos. Obviamente, en esa lista se encuentra “Zombi” (“George A. Romero’s Dawn of the Dead”, George A. Romero, 1978), pero también “La invasión de los ladrones de cuerpos” (“Invasión of the Body Snatchers”, Phillip Kauffman, 1978), pasando por “Alien: el octavo pasajero” (“Alien”, Ridley Scott, 1979) o incluso “El cazador” (“Deer Hunter, Michael Cimino, 1978). Toda esa mezcolanza de ingredientes fantaterroríficos es agitada con buen pulso por Wright, capaz de establecer un balance perfectamente medido de la comedia más alocada y desvergonzada y el drama final en que sucumben los protagonistas. En “Zombies Party” hay cabida para chistes antológicos, como esa pieza en la que Shaun y Ed fantasean, con música de Goblin de fondo, en las distintas alternativas para salvar a sus amigos, escapar de la situación y acabar relajándose entre copas; pero también para la acción, y para la imprescindible ración de gore que todo film del género ha de incluir.

 

Añadámosle a eso una trama romántica de por medio para redondear. Sí, porque en “Zombies Party” subyace una comedia romántica de superación, la de Shaun por recuperar a su amada Liz y demostrarle que no es un fracasado. Qué mejor medio para demostrarlo que atizando muertos andantes con un palo de cricket. Esa relación es la que le da el empaque que le faltaba a la película, y hace que empaticemos con su protagonista, encarnado por el brillante Simon Pegg.

 

 

Porque probablemente este actor pelirrojo es una de las grandes aportaciones que ha hecho la cinematografía del país de la Reina Madre en años. Tan ridículo como adorable, su matizada interpretación humaniza un personaje que en manos de cualquier cómico se hubiera convertido en una burda caricatura del tipo normal inmerso en una situación límite. Algo que se puede extender a Kate Ashfield, Nick Frost y a todo el reparto: todos resultan extremadamente entrañables, precisamente por la cantidad de defectos que demuestran escena a escena y que no hace sino acentuar esa cercanía. Gran parte de ese elenco ya había participado previamente con Wright, Pegg y Frost, en la sitcom inglesa “Spaced” (Edgar Wright, 1999-2001), uno de los grandes hitos de la televisión en Reino Unido, que nunca llegó a tierras españolas. Una pena, a juzgar por los resultados de la ópera prima de Edgar Wright como director.

 

No es una parodia chusca (“Scary Movie”), ni una revisión innecesaria (“Amanecer de los muertos”  versión 2004) ni una mera sucesión de citas que hacen perder la historia en agua de borrajas, ni una simple reutilización de elementos conocidos. Con la misma capacidad para hacer saltar la carcajada como para asustar, Edgar Wright se descubre ante el gran público como un creador sarcástico y devoto de los grandes clásicos escondidos, aquella serie B a la que se deben muchos de los grandes, y cuya herencia  nunca ha sido suficientemente agradecida. Eso sí, no es una película sobre otras películas, o al menos no sólo eso, sino que tiene entidad propia de sobra, y una complejidad argumental mayor de la que puede atisbar el espectador prejuicioso en un primer vistazo. Es reinvención y bricolaje basado en la cinefilia pura, y una carta de presentación ferozmente divertida.

 

FICHA TÉCNICA

Nacionalidad: Reino Unido/Francia

Año de producción: 2004

Director: Edgar Wright

Guión: Edgar Wright, Simon Pegg

Productor: Nira Park

Productores ejecutivos: Tim Bevan, Eric Fellner, Alison Owen, Natascha Wharton, James Wilson

Director de Fotografía: David M. Dunlap

Montaje: Chris Dickens

Música: Dan Mudford, Pete Woodhead

Vestuario: Annie Hardinge

Interpretes: Simon Pegg, Kate Ashfield, Lucy Davis, Nick Frost, Dylan Moran, Bill Nighy, Penelope Wilton

Distribuye en España: Premium Cine

Web oficial: http://www.shaunofthedeadmovie.com/splash.html

 


 

Curiosidades: el director George Romero quedó tan gratamente sorprendido por la calidad de la cinta, que enseguida se convirtió en uno de sus principales acicates publicitarios en su desembarco en Estados Unidos. Tanto es así, que incluso les ofreció a Simon Pegg y Edgar Wright sendos cameos como zombis en "La tierra de los muertos vivientes" ("George A. Romero's Land of the Land", 2005). Ver imagen del rodaje con Edgar Wright y Simon Pegg.

 

October 13

Diary of the Dead, miedo mediante los media

“El diario de los muertos”, miedo mediante los media

 

 

 

Un grupo de estudiantes de cine tratan de sacar adelante el rodaje de una película en los bosques de Pennsylvania cuando los medios de comunicación comienzan a hacerse eco de una plaga que hace que las personas fallecidas se levanten de su sueño eterno y comiencen a andar e inundar las calles, las ciudades de todo el mundo. Ante semejante hecatombe, el grupo de jóvenes aspirantes a cineastas decide tratar de escapar de la amenaza cada vez mayor y más peligrosa que son los muertos vivientes. De todo ese periplo van dejando constancia las grabaciones que Jason Creed (Joshua Close) realiza a través de su cámara: un documental en primera persona, “The Death of the Dead”, con ellos mismos como protagonistas a la fuerza.

 

Dos años después de regresar por la puerta grande con la afilada crítica política en clave de western moderno que fue “La tierra de los muertos vivientes” (“George A. Romero’s Land of the Dead”, George A. Romero, 2005), y en una etapa en la que el terror moderno -ese género que ahora no seria lo que es sin la influencia perenne de “La noche de los muertos vivientes” (“Night of the living dead”, George A. Romero, 1968)-  se encuentra en plena catarsis formal en busca de nuevas formas de expresión, el maestro George Romero reaparece, una vez más, de la mano de sus  zombis de toda la vida. Esos que son incapaces de correr, porque sus putrefactas articulaciones hace tiempo que perdieron la capacidad de regenerarse; esos mismos que engullen carne humana sin importarles la calificación de la MPAA de turno; esos que aportan una desangeladora visión de la sociedad contemporánea. Un Romero, puro, sin adulterar, en admirable estado de gracia.

 

 

 

Romero se hace eco en este diario necrológico de las nuevas formas de expresión, de comunicación masiva que inundan la sociedad de nuestros días y que son capaces de conectarnos con nuestras Antípodas en el tiempo que empleamos para clicar un dominio de Internet: desde los vídeoblogs a las redes sociales como Myspace, comunidades interactivas que acaban por determinar el conocimiento de cuanto tenemos a nuestro alrededor. Estas plataformas de comunicación sirven como caldo de cultivo de un film narrado en primera persona, cámara en mano, con espíritu outsider. El resultado es un mockumentary intenso y descarnado en el que se nos muestra una sociedad tan avanzada como perdida: frente al poder masivo de las grandes corporaciones de medios de comunicación, capaces de llegar a todas partes en cualquier momento, un sentimiento compartido de desprotección. Los media se convierten en armas de desinformación al servicio del poder, a través del bombardeo incesante de millones y millones de noticias, datos surgidos a cada instante que pasa que impiden ver más allá.

 

Las nuevas tecnologías, y las nuevas generaciones (la generación 2.0, si se prefiere) se colocan en esta situación como fuentes alternativas a las versiones oficiales, a través de las múltiples posibilidades que permiten los últimos avances, pero a la vez, acaban encontrándose con nuevos problemas y dilemas: ¿Hasta qué punto es lícito informar y no participar? ¿Cuál es la línea que separa la información del morbo gratuito? Preguntas que el cineasta enfoca a través de la lente de Jason Creed, el director de ese documental que empieza y acaba con la película, y que quedan en el aire, para que el espectador saque sus propias conclusiones. Lo que queda claro es que, sea a través de los medios convencionales o de los alternativos, las posibilidades de conocer la verdad pura sobre lo que sucede son remotas.

 

 

 

A pesar de la socorrida opción para desgranar este “Diary of the Dead” de definirlo como una simbiosis entre “La noche de los muertos vivientes” y “El proyecto de la Bruja de Blair” (“Blair Wiitch Project”, 1999), el visionado de la cinta muestra cuán lejos está este filme de Romero de aquel falso documental que creo más expectación que lo que el producto merecía (En todo caso, la premisa se acercaría más a la interesante “The Zombie Diaries” (Kevin Gates y Michael Bartlett, 2006), presentada en la sección Midnight X-Treme de Sitges ’07, y hasta la tremenda "[REC]" (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), en la que los medios de comunicación también son introducidos en las entrañas del horror a la manera de un falso reality). Lo importante es que Romero sigue siendo Romero: su habilidad para crear personajes creíbles y complejos y colocarlos en situaciones límite sigue intacta. Los protagonistas desprenden realismo en sus comportamientos, en sus diálogos, lo que demuestra que la unión de los conceptos menores de 25 años y cine de terror no tiene que suponer la caída en el estereotipo fácil, como parecían querer corroborar leyendas urbanas varias y San Valentines sangrientos. Curiosamente, es el personaje del profesor Maxwell, el contrapunto adulto, el que más se acerca al puro prototipo de todos los que pululan a lo largo de los metros de celuloide. En tal sentido, merecen ser alabadas las eficientes interpretaciones del elenco al completo, del que destaca la sólida presencia de Michelle Morgan, como la apesadumbrada Debra, quien se erige como la mayor muestra de cordura entre los miembros supervivientes que surcan el país sin rumbo fijo. Con todo, el personaje que sin duda dejará entre las legiones de fans un recuerdo más vivo será el de Samuel, el Amish sordo cargado con una pizarra, una guadaña y un puñado de dinamita. Uno de esos grandes roles que pasa a engranar la lista de mitos romerianos, junto con el Capitán Rhodes (“El día de los muertos”) o el SWAT Peter Washington (“Zombi”).

 

 

Agradables sorpresas como esa abundan en este film que sorprende por incluir unos niveles de gore menores de los acostumbrados en anteriores episodios de la ya pentalogía; si bien estos escasos momentos resultan tan traumáticos para los estómagos sensibles como los de ocasiones precedentes, la baza de “Diary of the Dead” reside en saber moldear las situaciones en pos del suspense, de la tensión insoportable, para acercarnos tan cerca como es posible de la angustia “real” de esos personajes ante la hecatombe zombie. Hecatombe que bien pudiera tornarse en catástrofe climática (léase, el Katrina) o en cruento periodo de guerra y destrucción. En el fondo, los zombis no son sino una representación putrefacta de un cambio revolucionario en la sociedad occidental, ante el que se suceden distintas clases de comportamientos y reacciones por parte de los seres humanos.

 

Renovación formal, vuelta de tuerca a una idea reproducida hasta la saciedad, hiriente sátira sociopolítica sobre el poder de los medios de la comunicación, “George A. Romero’s Diary of the Dead” es el regreso de un maestro en contar historias complejas, que permiten tantas lecturas como el espectador quiera/necesite encontrar. Un portentoso generador de imágenes crudas, no aptas para todos los públicos, que nuevamente vuelve a innovar dentro de un género al que dio aire allá por la segunda mitad de los sesenta. Todo ese genio furibundo queda reflejado en la dolorosa e impactante imagen que cierra el film. Si sólo existe lo que se graba, si la cámara es la capaz de dar vida, Romero ha insuflado oxígeno a sus muertos vivientes.

 

 

It is without a doubt the signature work of a man who, at the seasoned age of 67, has miraculously kept his long fingers squished squarely on the fevered pulse of the collective North American political and cultural psyche. It's also Romero's most profoundly personal, eccentric and accomplished work since 1979's landmark satirical zombie masterpiece DAWN OF THE DEAD, and in many ways feels like a stylistic kissing (biting?) cousin to his even more avant-garde 1977 vampire film MARTIN.” 1

 

-Chris Alexander, FANGORIA-

 

 

FICHA TÉCNICA

Nacionalidad: EE UU.

Año de producción: 2007

Director: George A. Romero

Guión: George A. Romero

Productor: Peter Grunwald, Art Spigel, Sam Englebardt, Ara Katz

Productores ejecutivos: Dan Fireman, John Harrison, Steve Barnett

Director de Fotografía: Adam Swica

Montaje: Michael Doherty

Efectos especiales: Mark Ahee, Greg Nicotero

Efectos visuales: Jeff Campbell, Colin Davies

Interpretes: Michelle Morgan, Joshua Close, Shawn Roberts, Amy Lalonde, Scott Wenworth

Distribuye: Voltage Pictures, The Weinstein Company.

Web oficial: http://www.myspace.com/diaryofthedead

 

 

Presentada en el Festival Internacional de Cinema de Cataluña, Sitges 2007: 06/10/2007, 10:45 horas

Sesión Especial, homenaje a George Romero en Sitges: George A. Romero acudió a Sitges en la cuadragésima edición del Festival de Cinema de Cataluña, para recibir el Gran Premio Honorífico a toda su carrera. Durante su estancia en Sitges, presentó este "George A. Romero's Diary of the Dead", y asistió a la proyección de su película "Creepshow" ("Creepshow", 1982), dentro de la sección Sitges Classics. Más información sobre el Festival y sus actividades en su web oficial.

 


 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS: 1 http://www.fangoria.com/ghastly_review.php?id=4942

 


 

LORENZO AYUSO

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En el momento en que escribo esto, estudio Comunicación Audiovisual y aspiro a convertirme en director de cine. Hasta entonces, me dedico a analizar e intentar disfrutar del séptimo arte.
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